También conocido como
Prostatectomía radical retropúbica (RRP), Prostatectomía radical perineal, Prostatectomía radical asistida por robot (RARP), Prostatectomía robótica, Prostatectomía radical laparoscópica (LRP), Prostatectomía radical con preservación nerviosa, Prostatectomía total
Definición
La prostatectomía radical es un procedimiento quirúrgico que consiste en la extirpación completa de la glándula prostática, las vesículas seminales y parte del tejido circundante para tratar el cáncer de próstata.1 Este procedimiento se realiza principalmente cuando se considera que el cáncer está confinado en la glándula prostática (cáncer de próstata localizado).2 La cirugía tiene como objetivo extirpar todo el tejido canceroso intentando conservar, cuando es posible, la continencia urinaria y la función eréctil mediante técnicas de preservación nerviosa.3 Existen varios abordajes quirúrgicos para la prostatectomía radical, como las técnicas retropúbica abierta, perineal abierta, laparoscópica y laparoscópica asistida por robot, cada una con ventajas y consideraciones específicas.4
Contexto clínico
La prostatectomía radical está indicada principalmente para el tratamiento del cáncer de próstata localizado que no se ha extendido más allá de la glándula prostática.1 Los criterios de selección de pacientes incluyen enfermedad clínicamente localizada (normalmente estadio T1 o T2), una esperanza de vida de al menos 10 años y un buen estado general de salud.2 El procedimiento puede utilizarse solo o en combinación con radioterapia u hormonoterapia, según el estadio del cáncer y los factores de riesgo.3
El procedimiento quirúrgico varía según el abordaje:
- Abordaje retropúbico: el cirujano realiza una incisión en la parte inferior del abdomen, desde debajo del ombligo hasta el hueso púbico. Este abordaje permite la visualización directa de la próstata y de las estructuras circundantes, así como realizar una linfadenectomía pélvica si es necesario.4
- Abordaje perineal: la incisión se realiza entre el escroto y el recto. Este abordaje puede suponer una menor pérdida de sangre, pero dificulta la extirpación de los ganglios linfáticos y conlleva un mayor riesgo de lesión rectal.5
- Abordaje laparoscópico: se realizan varias incisiones pequeñas en el abdomen a través de las cuales se introducen instrumentos especializados y una cámara. Esta técnica mínimamente invasiva suele conllevar una menor pérdida de sangre y una recuperación más rápida.6
- Abordaje laparoscópico asistido por robot: similar a la laparoscopia estándar, pero el cirujano controla los brazos robóticos desde una consola. Esto proporciona una visualización mejorada (vista ampliada en 3D) y una mayor precisión en la disección y la sutura.7
La recuperación suele implicar 1-4 días de hospitalización, con una sonda urinaria durante 1-2 semanas.8 Las complicaciones posoperatorias frecuentes incluyen la incontinencia urinaria (que afecta al 5-30% de los pacientes) y la disfunción eréctil (que afecta al 30-70% de los pacientes).9 Los estudios muestran que las técnicas de preservación nerviosa pueden mejorar la recuperación de la función eréctil posoperatoria, aunque los resultados varían en función de la función preoperatoria, la edad y la técnica quirúrgica.10
