También conocido como
cirugía de ojo de cerradura, cirugía laparoscópica, cirugía endoscópica, cirugía de curita
Definición
La cirugía mínimamente invasiva (CMI) se refiere a diversas técnicas quirúrgicas que se realizan con menos daño para el organismo en comparación con la cirugía abierta tradicional. Este abordaje suele consistir en realizar una o varias incisiones pequeñas, a través de las cuales los cirujanos introducen tubos pequeños, cámaras diminutas (laparoscopios o endoscopios) e instrumental quirúrgico especializado para llevar a cabo el procedimiento.¹ El objetivo principal de la CMI es reducir el traumatismo para el paciente, con beneficios como menos dolor postoperatorio, estancias hospitalarias más cortas, menos complicaciones y tiempos de recuperación más rápidos.¹ La laparoscopia, una de las primeras formas de CMI, permite a los cirujanos ver el campo quirúrgico en un monitor, mientras que la cirugía robótica, otra forma avanzada de CMI, proporciona una visión ampliada en 3D de la zona quirúrgica y mejora la precisión y el control del cirujano.¹
Contexto clínico
La cirugía mínimamente invasiva (CMI) se emplea en una amplia variedad de especialidades médicas para tratar diversas afecciones y ofrece una alternativa a la cirugía abierta tradicional. Está clínicamente indicada cuando los beneficios de un menor traumatismo, una recuperación más corta y menos complicaciones superan los posibles riesgos o limitaciones del abordaje para un paciente y una afección concretos.¹ La CMI se utiliza habitualmente en procedimientos como la colecistectomía (extirpación de la vesícula biliar), la apendicectomía, la colectomía, la reparación de hernias y diversas cirugías ginecológicas y urológicas.² También se utiliza cada vez más en cirugías más complejas, como la cirugía cardíaca, la cirugía torácica, la neurocirugía y la cirugía oncológica para la extirpación o la estadificación de tumores.¹
La selección de pacientes para la CMI es crucial y depende de varios factores, como el diagnóstico específico, la localización y la extensión de la enfermedad, el estado de salud general y las comorbilidades del paciente, y la experiencia del cirujano con las técnicas de CMI.¹ En general, los pacientes que son buenos candidatos para la cirugía abierta también pueden serlo para la CMI, pero ciertas situaciones, como las adherencias graves por cirugías previas, un cáncer extenso o la inestabilidad hemodinámica, pueden hacer que la CMI sea menos adecuada o requerir la conversión a un procedimiento abierto.²
Los procedimientos quirúrgicos de la CMI consisten en realizar pequeñas incisiones (puertos) a través de las cuales se introducen una cámara (laparoscopio o endoscopio) e instrumental especializado. El cirujano visualiza el campo operatorio en un monitor y manipula los instrumentos para realizar la disección, la resección o la reparación.³ A menudo se utiliza dióxido de carbono para insuflar la cavidad abdominal o torácica, lo que crea espacio para la visualización y el movimiento del instrumental.³ La CMI asistida por robot utiliza una consola desde la que el cirujano controla brazos robóticos equipados con instrumentos, lo que ofrece mayor destreza, precisión y visualización en 3D.¹
Los resultados esperados de la CMI suelen incluir menos dolor postoperatorio, estancias hospitalarias más cortas (a menudo varios días menos que con la cirugía abierta), una vuelta más rápida a las actividades normales, cicatrices más pequeñas y menos visibles y un menor riesgo de ciertas complicaciones, como las infecciones del sitio quirúrgico y las hernias incisionales.¹˒² Aunque la eficacia a largo plazo de la CMI suele ser comparable a la de la cirugía abierta en muchas afecciones, los resultados específicos pueden variar según el procedimiento, el estado del paciente y la experiencia del equipo quirúrgico.³ Los pacientes deben comentar con su cirujano los posibles beneficios y riesgos de la CMI para determinar si es la opción de tratamiento más adecuada para su situación concreta.¹
