También conocido como
Estenosis del cuello de la vejiga, Estenosis vesicouretral, BNC, Contractura del cuello vesical post-prostatectomía, Estenosis anastomótica (uretra)
Definición
La contractura del cuello vesical (CCV), también conocida como estenosis vesicouretral, es una afección médica caracterizada por la formación de tejido cicatricial en el cuello vesical, que es la unión entre la vejiga y la uretra.¹ Este proceso de cicatrización provoca un estrechamiento o estenosis de la salida vesical que impide el flujo normal de la orina desde la vejiga.² La afección suele desarrollarse como complicación tras procedimientos quirúrgicos de la glándula prostática, como la prostatectomía radical por cáncer de próstata o la resección transuretral de próstata (RTUP) por hiperplasia benigna de próstata (HBP).¹˒² También puede producirse, aunque con menos frecuencia, tras la radioterapia pélvica. La formación de tejido cicatricial puede atribuirse a diversos factores, como una cicatrización deficiente en el lugar de la anastomosis quirúrgica (la reconexión del cuello vesical con la uretra tras la extirpación de la próstata), la formación de hematomas o la reducción del aporte sanguíneo a la zona.¹˒³ El objetivo principal de comprender y definir la CCV es facilitar su diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado, aliviando así los molestos síntomas urinarios y previniendo complicaciones adicionales como la retención urinaria, las infecciones urinarias recurrentes y los cálculos vesicales.¹
Contexto clínico
En la práctica clínica, la contractura del cuello vesical se observa principalmente como complicación tras intervenciones urológicas sobre la glándula prostática, sobre todo la prostatectomía radical por cáncer de próstata y, en menor medida, la resección transuretral de la próstata (RTU) por hiperplasia prostática benigna (HPB).¹˒² También puede manifestarse tras la radioterapia pélvica, en cuyo caso el mecanismo subyacente consiste en daño microvascular y fibrosis progresiva que conducen a la estenosis.² Los pacientes suelen presentar síntomas del tracto urinario inferior (STUI) que aparecen semanas o meses después del procedimiento inicial, habitualmente entre tres y seis meses después de la cirugía.¹ Los síntomas suelen incluir chorro miccional débil, esfuerzo para orinar, vaciado vesical incompleto, retraso en el inicio de la micción, chorro intermitente, disuria (micción dolorosa) y, en algunos casos, retención urinaria completa.¹ Las infecciones recurrentes del tracto urinario (ITU) y la formación de cálculos vesicales también pueden asociarse a la contractura del cuello vesical debido a la estasis urinaria crónica.¹
La selección de pacientes para el tratamiento depende de la gravedad de la contractura y de su repercusión en la calidad de vida del paciente. El diagnóstico suele confirmarse mediante cistoscopia, que permite visualizar directamente el cuello vesical estrechado, y puede complementarse con estudios de imagen como la cistouretrografía miccional (CUGM) o con una flujometría para evaluar el flujo urinario y el volumen residual posmiccional.¹
Las intervenciones quirúrgicas o endoscópicas son la base del tratamiento. Entre los abordajes habituales se encuentran:
- Dilatación del cuello vesical: Consiste en distender el segmento estrechado mediante dilatadores o un catéter balón introducido a través de la uretra. Puede ser necesario repetirla, y a algunos pacientes se les puede enseñar a realizar autodilataciones intermitentes para mantener la permeabilidad.²
- Incisión transuretral del cuello vesical (TUIBN): Este procedimiento endoscópico consiste en realizar una o varias incisiones en el tejido cicatricial del cuello vesical con bisturí frío, láser o electrocauterio para ampliar la abertura.² Se han estudiado medidas complementarias, como la inyección de corticosteroides o mitomicina C en las zonas de incisión, para reducir las tasas de recurrencia, aunque con resultados variables.²
- Reconstrucción del cuello vesical: En casos refractarios o complejos en los que han fracasado varios tratamientos endoscópicos, puede ser necesaria una reconstrucción quirúrgica más invasiva del cuello vesical. Se trata de un procedimiento complejo que suele reservarse para estenosis graves y obliterantes.²
Los resultados esperados tras el tratamiento suelen ser favorables en cuanto al alivio de los síntomas y la mejora del flujo urinario. Sin embargo, la recurrencia de la contractura del cuello vesical es un problema importante, ya que un porcentaje notable de pacientes requiere nuevas intervenciones.² Entre las posibles complicaciones del tratamiento se encuentran sangrado, infección, incontinencia urinaria (sobre todo de esfuerzo) y eyaculación retrógrada.² Las tasas de éxito varían según la causa inicial de la contractura, su gravedad, la modalidad de tratamiento elegida y factores propios del paciente, como las comorbilidades (p. ej., diabetes, enfermedad vascular, tabaquismo), que pueden dificultar la cicatrización y aumentar el riesgo de recurrencia.²
