También conocido como
Priapismo no isquémico, priapismo arterial, priapismo de alto flujo, priapismo traumático, priapismo rojo.
Definición
El priapismo de alto flujo, también conocido como priapismo no isquémico o arterial, es un tipo de erección peniana persistente que se produce en ausencia de estimulación sexual y que está causado por un flujo sanguíneo arterial excesivo y no regulado hacia los cuerpos cavernosos, los tejidos eréctiles del pene.¹ Se diferencia del priapismo isquémico (de bajo flujo) en que la sangre de los cuerpos cavernosos permanece bien oxigenada y, por lo tanto, no suele producirse isquemia tisular (daño por falta de oxígeno).² En consecuencia, el priapismo de alto flujo no suele ser doloroso.¹
El mecanismo subyacente suele implicar la formación de una conexión anómala, o fístula, entre una arteria y los espacios sinusoidales de los cuerpos cavernosos. Esta fístula permite que la sangre arterial eluda los mecanismos reguladores normales que controlan el flujo sanguíneo del pene, lo que da lugar a una erección sostenida que a menudo no es completamente rígida, pero sí persistente.² El priapismo de alto flujo se desarrolla con mayor frecuencia tras un traumatismo directo en el pene o el periné, que puede dañar una arteria cavernosa y provocar la formación de una fístula.¹ El inicio puede ser inmediato o tardío, y en ocasiones aparece días o incluso semanas después de la lesión inicial.¹ Aunque es una forma de priapismo menos frecuente que el tipo isquémico, requiere un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado para prevenir complicaciones a largo plazo, si bien no suele considerarse una urgencia urológica del mismo modo que el priapismo isquémico.²
Contexto clínico
El priapismo de alto flujo (no isquémico) suele observarse en la práctica clínica tras un traumatismo en el pene o el periné, que da lugar a la formación de una fístula arteriocavernosa y a un flujo arterial no regulado hacia los cuerpos cavernosos.¹ La presentación suele ser tardía y se produce días o semanas después de la lesión desencadenante.¹ A diferencia del priapismo isquémico, generalmente no es doloroso y el pene a menudo no está completamente rígido, pero la erección es persistente.²
El diagnóstico se confirma mediante una combinación de anamnesis, exploración física y pruebas especializadas. La gasometría de la sangre del pene suele mostrar sangre de color rojo brillante (oxigenada), compatible con sangre arterial, a diferencia de la sangre oscura, hipóxica y acidótica que se encuentra en el priapismo isquémico.² Se recomienda la ecografía Doppler dúplex color del pene y el periné para ayudar a diferenciar el priapismo no isquémico del isquémico; permite identificar el estado característico de alto flujo y, a menudo, visualizar la localización de la fístula arteriocavernosa.²
El tratamiento del priapismo de alto flujo suele ser inicialmente conservador, ya que puede producirse una resolución espontánea en un número significativo de casos, sobre todo si la fístula es pequeña.¹ La observación, con tranquilización del paciente y reevaluación tras un periodo de tiempo (p. ej., cuatro semanas, como sugieren las guías de la AUA/SMSNA), es un primer paso habitual.² Si el priapismo persiste o si el paciente desea una resolución más inmediata, se considera la intervención.²
La selección de los pacientes para la intervención implica asesorarlos sobre los riesgos y beneficios. La principal modalidad de tratamiento es la embolización arterial selectiva, realizada por un radiólogo intervencionista.² Este procedimiento tiene como objetivo ocluir la fístula y detener así el flujo arterial no regulado. Los materiales utilizados para la embolización pueden ser reabsorbibles (p. ej., esponja de gelatina) o no reabsorbibles.² Las tasas de éxito de la embolización son generalmente altas, pero las posibles complicaciones incluyen disfunción eréctil, recurrencia del priapismo (si la fístula se recanaliza o se forman otras nuevas) y la imposibilidad de corregir el priapismo.² Si un primer intento de embolización con materiales reabsorbibles no tiene éxito, puede considerarse repetir el procedimiento con materiales no reabsorbibles.² La ligadura quirúrgica de la fístula es una alternativa, pero suele reservarse para los casos en que la embolización fracasa o no es factible.²
Los resultados esperados tras un tratamiento eficaz son generalmente buenos, con resolución del priapismo. Sin embargo, el riesgo de disfunción eréctil posterior es un aspecto clave que debe tenerse en cuenta, en particular en relación con el traumatismo subyacente o con el propio procedimiento intervencionista.² Es necesario un seguimiento estrecho para controlar la resolución y cualquier posible complicación.
