También conocido como
Disorgasmia, Odinorgasmia, Orgasmalgia, Dolor posorgásmico, Diseyaculación, Disorgasmia masculina
Definición
La eyaculación dolorosa es una afección en la que el hombre siente desde una molestia leve hasta un dolor intenso durante la eyaculación o después de ella, y el dolor puede afectar al pene, el escroto y el periné.1 También se conoce como diseyaculación, odinorgasmia, dolor posorgásmico, disorgasmia u orgasmalgia, y es un fenómeno frecuente pero poco conocido que se asocia a disfunción sexual.2 El dolor se ha descrito principalmente en el pene, pero también en los testículos, el recto o la parte baja del abdomen.3 La duración descrita varía. Una revisión describe un dolor que suele durar entre 2 y 24 horas,2 otra describe duraciones que van desde unos pocos segundos hasta dos días,3 y en una serie de 98 hombres con dolor orgásmico, el 52% presentaba dolor durante menos de 5 minutos.4 Se ha descrito una prevalencia del 1-10% en la población general, que puede aumentar al 30-75% en los hombres con prostatitis crónica/síndrome de dolor pélvico crónico. Las Directrices de la EAU advierten que la mayoría de estos estudios no eran científicamente sólidos y que la afección probablemente está infranotificada.1
Contexto clínico
Muchas afecciones médicas pueden causar eyaculación dolorosa, pero también puede ser idiopática. Entre las asociaciones descritas figuran los cálculos de las vesículas seminales, las infecciones de transmisión sexual, la inflamación prostática, el cáncer de próstata, la hiperplasia benigna de próstata (HBP), la cirugía prostática, la radioterapia pélvica, la herniorrafia y los antidepresivos. Las causas psicológicas son posibles, sobre todo si el dolor no aparece durante la masturbación.1 Entre 3700 hombres sexualmente activos con síntomas del tracto urinario inferior indicativos de HBP, el 18,6% refirió dolor o molestias al eyacular, y el 88% de ellos lo consideraba un problema.5 Tras la prostatectomía radical, el 12% de 702 hombres evaluados en cuanto a la función sexual refirieron disorgasmia. Los síntomas disminuyeron con el tiempo, y el 26% y el 7% de estos hombres seguían refiriendo dolor a los 18 y 24 meses, respectivamente.6
La evaluación comienza con una anamnesis médica y sexual rigurosa en la que se registran el tipo y la localización del dolor y los factores que lo agravan o lo alivian.2 La exploración incluye los genitales y un tacto rectal de la próstata. Las pruebas complementarias abarcan desde el análisis de orina, el urocultivo y los análisis de sangre, incluido el PSA, hasta la ecografía transrectal para buscar una obstrucción de los conductos eyaculadores o cálculos.3 Una exploración neurológica y musculoesquelética puede detectar una neuropatía del pudendo, y la resonancia magnética puede ser útil en ese contexto. En un número considerable de pacientes no se encuentra ninguna causa evidente a pesar de un estudio exhaustivo.2
El tratamiento se adapta a la causa subyacente cuando se identifica. Las opciones incluyen la psicoterapia o el asesoramiento de pareja, la retirada de los agentes sospechosos (fármacos, tóxicos o radiación) o el tratamiento médico, como antibióticos, alfabloqueantes o antiinflamatorios. Si no se identifica ninguna causa, pueden utilizarse terapia conductual, relajantes musculares, antidepresivos, anticonvulsivos y/u opioides y ejercicios del suelo pélvico.1 La evidencia sobre los alfabloqueantes es dispar. En un estudio piloto no controlado, el 77% de 98 hombres con dolor orgásmico refirió una mejoría significativa con tamsulosina,4 mientras que un ensayo aleatorizado y controlado con placebo en hombres con eyaculación dolorosa como entidad aislada observó que la tamsulosina no era mejor que el placebo.7 Si el tratamiento médico fracasa, se han propuesto la resección transuretral de la próstata, la resección transuretral de los conductos eyaculadores y la neurólisis del nervio pudendo. Sin embargo, no hay evidencia sólida de que la cirugía mejore la eyaculación dolorosa, por lo que debe utilizarse con precaución.1 Debido a su naturaleza delicada, el síntoma se identifica mejor cuando los profesionales clínicos preguntan específicamente por él.3
