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Infertilidad masculina

También conocido como

Infertilidad por factor masculino, Disfunción reproductiva masculina, Subfertilidad masculina, Deterioro de la fertilidad masculina, Oligozoospermia, Azoospermia, Astenozoospermia, Teratozoospermia, Esterilidad masculina, Fallo espermatogénico, Infertilidad andrológica, Insuficiencia reproductiva masculina

Definición

La infertilidad masculina es una afección médica compleja caracterizada por la incapacidad de un varón para conseguir un embarazo en una pareja femenina fértil tras un año de relaciones sexuales regulares y sin protección¹. Esta condición representa uno de los desafíos de salud reproductiva más importantes de nuestro tiempo, afectando a aproximadamente el 15 % de todas las parejas en los Estados Unidos y al menos a 180 millones de parejas en todo el mundo². La Organización Mundial de la Salud (OMS) proporciona una definición más específica, describiendo la infertilidad masculina como la incapacidad de un varón para dejar embarazada a una mujer fértil durante un período mínimo de al menos un año de relaciones sexuales regulares sin protección³.

La fisiopatología subyacente a la infertilidad masculina implica complejas interacciones entre múltiples sistemas biológicos que pueden afectar a cualquier etapa del proceso reproductivo masculino. Para que la concepción se produzca con éxito, varios procesos fisiológicos fundamentales deben funcionar en perfecta armonía. En primer lugar, el varón debe producir espermatozoides sanos a través del complejo proceso de la espermatogénesis, que tarda aproximadamente 74 días en completarse⁴. Este proceso comienza con el crecimiento y la formación de los órganos reproductores masculinos durante la pubertad, requiriendo al menos un testículo funcional y una producción adecuada de testosterona y otras hormonas necesarias para desencadenar y mantener la producción de esperma.

En segundo lugar, los espermatozoides deben transportarse eficazmente desde los testículos a través de una serie de delicadas estructuras tubulares, incluidos el epidídimo, los conductos deferentes y los conductos eyaculadores, donde se mezclan con el líquido seminal para formar el semen antes de ser eyaculados a través del pene⁵. En tercer lugar, debe existir una concentración espermática suficiente en el eyaculado, ya que un recuento bajo de espermatozoides disminuye significativamente la probabilidad de que fecunden con éxito el óvulo de la pareja femenina’. Según los criterios actuales de la OMS, una concentración de espermatozoides inferior a 15 millones de espermatozoides por mililitro de semen o menos de 39 millones de espermatozoides por eyaculado se considera por debajo de los límites de referencia normales⁶.

Por último, los espermatozoides deben demostrar una capacidad funcional y una motilidad adecuadas para desplazarse por el aparato reproductor femenino y penetrar con éxito en el óvulo. Si el movimiento o la función del esperma se ven comprometidos, la fecundación se vuelve notablemente más difícil o imposible⁷. La infertilidad masculina puede deberse a alteraciones en cualquier punto de esta compleja cascada reproductiva, desde problemas en la producción de esperma en los testículos hasta dificultades en el transporte de los espermatozoides a través del tracto reproductor masculino.

Esta afección abarca un amplio espectro de trastornos con diversos grados de gravedad. Estos van desde la ausencia completa de espermatozoides en el eyaculado, conocida como azoospermia, hasta una concentración espermática reducida (oligozoospermia), una motilidad espermática alterada (astenozoospermia) o una morfología espermática anormal (teratozoospermia)⁸. En muchos casos clínicos, la infertilidad masculina se presenta como una combinación de estas anomalías, denominada conjuntamente síndrome de oligo-asteno-teratozoospermia, que representa la forma de infertilidad por factor masculino más difícil de tratar.

Los avances recientes en la comprensión de la infertilidad masculina han revelado que esta afección a menudo sirve como biomarcador del estado de salud general del varón⁹. Los varones diagnosticados de infertilidad presentan con frecuencia tasas más altas de enfermedad cardiovascular, diabetes, trastornos autoinmunes y ciertos tipos de cáncer en comparación con los varones fértiles. Esta asociación sugiere que la infertilidad masculina puede reflejar problemas de salud sistémicos más amplios en lugar de una disfunción reproductiva aislada, lo que enfatiza la importancia de una evaluación médica integral y un seguimiento de la salud a largo plazo para las personas afectadas.

Contexto clínico

La evaluación de la infertilidad masculina constituye un componente fundamental de la medicina reproductiva integral, requiriendo una valoración sistemática cuando las parejas experimentan dificultades para concebir. La evaluación clínica está indicada típicamente cuando una pareja no ha logrado el embarazo tras un año de relaciones sexuales regulares y sin protección, aunque este período puede reducirse a seis meses en mujeres mayores de 35 años o cuando existen factores de riesgo masculinos específicos¹.

Criterios de selección de pacientes e indicaciones clínicas

La evaluación inicial de la infertilidad masculina abarca a varones que presentan diversos escenarios clínicos indicativos de una posible disfunción reproductiva. Las indicaciones principales incluyen parejas que no han podido lograr la gestación a pesar de mantener relaciones sexuales regulares sin protección durante el tiempo adecuado según la edad de la mujer y los factores de riesgo². Los varones con factores de riesgo conocidos requieren una evaluación más temprana, incluidos aquellos con antecedentes de criptorquidia, varicocele, cirugía genitourinaria previa, exposición a quimioterapia o radiación, o enfermedades genéticas asociadas a la infertilidad.

La disfunción sexual representa otra indicación importante para la valoración de la fertilidad masculina, en particular cuando los varones experimentan disfunción eréctil, eyaculación precoz, disminución de la libido o trastornos eyaculatorios que puedan interferir en la concepción³. Los hallazgos en la exploración física, tales como atrofia testicular, ausencia de conductos deferentes, ginecomastia u otros signos de anomalías hormonales, también justifican una evaluación exhaustiva de la fertilidad con independencia del tiempo transcurrido intentando concebir.

Los varones con enfermedades sistémicas que afectan a la fertilidad, incluidas la diabetes mellitus, las enfermedades autoinmunes, la insuficiencia renal crónica o aquellos en tratamiento con fármacos con potencial toxicidad reproductiva, deben someterse a una evaluación de la fertilidad al planificar la concepción⁴. Asimismo, los varones con exposición laboral o ambiental a toxinas reproductivas, como metales pesados, pesticidas o calor excesivo, pueden beneficiarse de una valoración de la fertilidad y asesoramiento sobre estrategias de reducción de la exposición.

Evaluación diagnóstica integral

La piedra angular de la evaluación de la infertilidad masculina sigue siendo el seminograma (análisis de semen), que debe realizarse siguiendo las estrictas directrices de la OMS para garantizar su precisión y reproducibilidad⁵. Esta prueba fundamental exige una atención rigurosa a los procedimientos de recogida, indicando a los pacientes abstinencia eyaculatoria de 2 a 7 días antes de la toma para optimizar la calidad de la muestra. Deben obtenerse al menos dos muestras independientes, separadas por un intervalo mínimo de una semana pero preferiblemente de un mes, debido a la variabilidad intrínseca de los parámetros seminales, que pueden verse influidos por factores como enfermedades intercurrentes, estrés, medicaciones y estilos de vida.

El seminograma evalúa múltiples parámetros críticos que aportan información sobre diferentes aspectos de la función reproductiva masculina. La evaluación del volumen ayuda a identificar posibles problemas en la función de las glándulas accesorias o una obstrucción del conducto eyaculador, mientras que la medición del pH puede sugerir infección u otros procesos inflamatorios⁶. La concentración espermática y el recuento total de espermatozoides proporcionan información sobre la capacidad espermatogénica, mientras que el análisis de la motilidad evalúa la capacidad funcional del espermatozoide para la fecundación. El análisis morfológico, realizado preferentemente según los criterios estrictos de Kruger, valora la integridad estructural del espermatozoide y su potencial para una fecundación exitosa.

Las pruebas seminales avanzadas pueden estar indicadas en situaciones clínicas concretas para aportar información diagnóstica adicional. El test de fragmentación del ADN espermático ha adquirido un reconocimiento creciente como herramienta de gran valor para evaluar la integridad genética del espermatozoide, en particular en casos de abortos de repetición o fracasos en ciclos de técnicas de reproducción asistida⁷. La prueba de anticuerpos antiespermatozoide debe considerarse cuando se observa aglutinación espermática o cuando se presenta astenozoospermia aislada con parámetros seminales que por lo demás son normales.

La evaluación hormonal desempeña un papel crucial en el estudio de la infertilidad masculina, sobre todo cuando el seminograma revela oligozoospermia o azoospermia. El perfil hormonal estándar incluye los niveles séricos de hormona foliculoestimulante (FSH), hormona luteinizante (LH), testosterona total y prolactina⁸. Unos niveles elevados de FSH indican habitualmente un fallo testicular primario, mientras que una testosterona baja con LH elevada sugiere hipogonadismo primario. Por el contrario, una testosterona baja con niveles normales o bajos de gonadotropinas puede indicar un hipogonadismo secundario que requiere un estudio complementario para descartar disfunción hipofisaria o hipotalámica.

El estudio genético se ha consolidado como un componente fundamental de la evaluación de la infertilidad masculina, especialmente en varones con oligozoospermia grave (menos de 5 millones de espermatozoides por mililitro) o azoospermia. El análisis del cariotipo permite identificar anomalías cromosómicas como el síndrome de Klinefelter, mientras que el estudio de microdeleciones del cromosoma Y (análisis del factor AZF) permite detectar causas genéticas específicas de fallo espermatogénico⁹. El estudio de mutaciones en el gen regulador de la conductancia transmembrana de la fibrosis quística (CFTR) está indicado en varones con sospecha de agenesia bilateral congénita de conductos deferentes u otras características sugerentes de fibrosis quística.

Enfoques terapéuticos y estrategias de manejo

Las estrategias de tratamiento para la infertilidad masculina deben individualizarse en función de la etiología subyacente, la gravedad del cuadro, los factores de la pareja femenina y las preferencias de la pareja respecto a la complejidad y la invasividad del tratamiento. El enfoque terapéutico suele seguir una progresión escalonada, desde las intervenciones menos invasivas hasta las más invasivas, valorando cuidadosamente las tasas de éxito, los riesgos y la relación coste-efectividad.

El tratamiento farmacológico constituye el abordaje de primera línea para muchas formas de infertilidad masculina, particularmente aquellas con causas subyacentes identificables y tratables. La terapia hormonal puede resultar altamente eficaz en varones con hipogonadismo hipogonadotropo, en los que el tratamiento con gonadotropinas o la administración pulsátil de GnRH a menudo restablece la espermatogénesis y alcanza tasas de embarazo comparables a las observadas en parejas fértiles¹⁰. La suplementación con antioxidantes se ha mostrado prometedora en el tratamiento de la infertilidad masculina relacionada con el estrés oxidativo; ciertas combinaciones de vitaminas C y E, coenzima Q10 y otros antioxidantes han demostrado mejoras en los parámetros seminales y en las tasas de embarazo en algunos estudios.

Las modificaciones del estilo de vida constituyen un pilar importante y con frecuencia infrautilizado en el tratamiento de la infertilidad masculina. El cese del tabaquismo, la moderación en el consumo de alcohol, la normalización del peso, la reducción del estrés y evitar la exposición excesiva al calor pueden mejorar significativamente los parámetros seminales y los resultados reproductivos¹¹. El asesoramiento nutricional y la suplementación con micronutrientes específicos como zinc, selenio y folato pueden aportar beneficios adicionales en varones con deficiencias documentadas.

Las intervenciones quirúrgicas desempeñan un papel crucial en el tratamiento de causas anatómicas específicas de infertilidad masculina. La corrección del varicocele (varicocelectomía) continúa siendo uno de los procedimientos quirúrgicos más realizados en infertilidad masculina, y múltiples estudios demuestran mejoras en los parámetros seminales y en las tasas de embarazo tras la intervención¹². La decisión de indicar la corrección del varicocele debe basarse en la presencia de un varicocele clínicamente palpable, parámetros seminales alterados y la ausencia de factores femeninos significativos que impidan la concepción natural.

Las técnicas de recuperación quirúrgica de espermatozoides han revolucionado el tratamiento de la azoospermia obstructiva y de la azoospermia no obstructiva grave. Procedimientos como la aspiración percutánea de espermatozoides del epidídimo (PESA), la extracción testicular de espermatozoides (TESE) y la microdisección testicular para extracción de espermatozoides (micro-TESE) permiten recuperar espermatozoides con éxito para su uso en inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), incluso en casos de fallo espermatogénico grave¹³.

Técnicas de reproducción asistida

Las técnicas de reproducción asistida (TRA) han transformado el panorama del tratamiento de la infertilidad masculina, ofreciendo esperanza a parejas con factor masculino grave que previamente carecían de opciones terapéuticas. La selección del procedimiento de TRA adecuado depende de la gravedad del factor masculino, de los factores asociados a la mujer y de otras consideraciones clínicas.

La inseminación intrauterina (IUI) representa el procedimiento de TRA menos invasivo y puede ser adecuada para parejas con factor masculino leve, en particular combinada con hiperestimulación ovárica controlada¹⁴. Las tasas de éxito con la IUI suelen ser óptimas cuando la concentración de espermatozoides supera los 10 millones de espermatozoides móviles por mililitro tras la capacitación, si bien las tasas de gestación disminuyen notablemente ante un factor masculino más severo.

La fecundación in vitro (FIV) convencional puede ser eficaz en casos de factor masculino moderado, aunque las tasas de fecundación pueden ser menores en comparación con muestras masculinas normales. El desarrollo de la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) ha supuesto probablemente el avance más significativo en el tratamiento de la infertilidad masculina, permitiendo lograr la fecundación incluso con parámetros seminales gravemente alterados¹⁵. La ICSI consiste en la microinyección directa de un único espermatozoide en el citoplasma de un ovocito maduro, superando muchas de las barreras biológicas naturales para la fecundación.

Resultados esperados y pronóstico

El pronóstico de la infertilidad masculina varía considerablemente según la etiología subyacente, la gravedad de la alteración y el abordaje terapéutico seleccionado. Los varones con causas reversibles de infertilidad, como varicoceles, deficiencias hormonales o factores del estilo de vida, suelen tener un pronóstico excelente con el tratamiento adecuado. La reparación del varicocele, por ejemplo, logra una mejoría de los parámetros seminales en el 60-80 % de los casos, con tasas de embarazo espontáneo de entre el 30 % y el 50 % durante el primer año posterior a la cirugía¹⁶.

La terapia hormonal para el hipogonadismo hipogonadotropo consigue inducir la espermatogénesis en el 70-90 % de los casos, alcanzando tasas de gestación similares a las de parejas fértiles cuando el tratamiento es exitoso¹⁷. No obstante, el tratamiento puede requerir de 6 a 12 meses o más para alcanzar resultados óptimos, y algunos pacientes pueden precisar tratamiento de mantenimiento para preservar la fertilidad.

La introducción de la ICSI ha mejorado drásticamente los resultados en parejas con factor masculino grave, logrando tasas de fecundación del 70-80 % incluso en situaciones que requieren recuperación quirúrgica de espermatozoides¹⁸. Las tasas de recién nacido vivo con ICSI oscilan típicamente entre el 25 % y el 35 % por ciclo, aunque el éxito está condicionado por factores como la edad de la mujer, el origen de los espermatozoides y variables específicas del centro clínico.

Los varones con azoospermia no obstructiva representan los casos más complejos, con tasas de recuperación espermática que oscilan entre el 30 % y el 60 % según la causa subyacente y la técnica quirúrgica empleada¹⁹. La micro-TESE se ha consolidado como la técnica de elección para la recuperación espermática en estos pacientes, ofreciendo mayores tasas de éxito y menores complicaciones en comparación con los procedimientos convencionales de TESE.

Los estudios de seguimiento a largo plazo han demostrado que la infertilidad masculina puede actuar como un indicador precoz de futuros problemas de salud, observándose en los varones infértiles un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes y determinados tipos de cáncer²⁰. Esta asociación subraya la relevancia de llevar a cabo una valoración médica global y un seguimiento clínico a largo plazo en los varones diagnosticados de infertilidad, independientemente de que el tratamiento reproductivo logre el éxito.

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