También conocido como
Prostatectomía radical con preservación nerviosa, NS-RARP (prostatectomía radical asistida por robot con preservación nerviosa), prostatectomía con conservación de nervios, prostatectomía con preservación de la potencia, cirugía con preservación de los nervios cavernosos
Definición
La cirugía con preservación nerviosa es una técnica quirúrgica especializada que intenta preservar los fascículos neurovasculares cercanos a los tejidos que se extirpan durante la prostatectomía radical.1 Este procedimiento tiene como objetivo específico proteger las vainas de los nervios cavernosos situadas ligeramente por debajo y a los lados de la próstata, responsables de la función eréctil.2 Los fascículos neurovasculares contienen nervios, arterias, venas y canales linfáticos que controlan el flujo sanguíneo hacia el pene e inician las erecciones.3 Durante una prostatectomía con preservación nerviosa, los cirujanos separan meticulosamente la próstata de estas delicadas estructuras nerviosas, empleando técnicas de disección precisas para minimizar el daño nervioso al tiempo que se logra la extirpación completa del tumor.4 Este abordaje es especialmente valioso en el tratamiento del cáncer de próstata, donde la preservación de la función sexual es una preocupación importante para la calidad de vida de los pacientes tras la cirugía.5
Contexto clínico
La cirugía con preservación nerviosa se utiliza principalmente en el contexto de la prostatectomía radical para el tratamiento del cáncer de próstata localizado.1 La selección de pacientes para esta técnica es fundamental y depende de varios factores, como la función eréctil preoperatoria, la edad, las características del tumor y el estadio del cáncer.2 El procedimiento es más adecuado para pacientes con enfermedad confinada al órgano (estadio clínico T1-T2) donde el cáncer no se ha extendido más allá de la cápsula prostática.3
La evaluación preoperatoria suele incluir el tacto rectal, los niveles de antígeno prostático específico (PSA), los resultados de la biopsia y, con frecuencia, una resonancia magnética multiparamétrica para evaluar el riesgo de extensión extracapsular.4 De acuerdo con las guías actuales de la Asociación Europea de Urología, la cirugía con preservación nerviosa debe realizarse cuando existe un bajo riesgo de extensión extracapsular, aunque una selección cuidadosa puede permitir su uso en algunos casos de mayor riesgo.5
El abordaje quirúrgico puede llevarse a cabo mediante técnicas abiertas retropúbicas, laparoscópicas o asistidas por robot, ofreciendo estas últimas una mayor visualización y precisión.6 Durante la intervención, los cirujanos deben identificar y preservar cuidadosamente los fascículos neurovasculares que discurren posterolateralmente a la próstata. La disección puede ser intrafascial (permaneciendo interna a la fascia prostática) o interfascial (entre la fascia prostática y la fascia pélvica lateral); la primera ofrece la máxima preservación nerviosa, pero un riesgo potencialmente mayor de márgenes quirúrgicos positivos.7
En el posoperatorio, los pacientes pueden experimentar disfunción eréctil temporal mientras los nervios se recuperan del traumatismo quirúrgico, con una función que puede mejorar a lo largo de 6 a 36 meses.8 Los estudios han demostrado que los varones que se someten a una prostatectomía con preservación nerviosa tienen significativamente mejores probabilidades de recuperar la función eréctil en comparación con los abordajes sin preservación nerviosa, con tasas de potencia de ≥50% reportadas en pacientes cuidadosamente seleccionados.9 Además, algunas pruebas sugieren mejores resultados de continencia urinaria con las técnicas de preservación nerviosa.10
