También conocido como
Trastorno de la vejiga, neurogénico, Vejiga, neurogénico, Trastorno neurogénico de la vejiga, Disfunción neurogénica de la vejiga urinaria, Disfunción neurogénica del tracto urinario inferior
Definición
La vejiga neurógena es una afección caracterizada por una disfunción vesical que se debe a un daño o a una enfermedad de los componentes del sistema nervioso que controlan la micción.¹ Se produce cuando afecciones neurológicas alteran las complejas vías de comunicación entre el cerebro, la médula espinal y la vejiga.² Esta alteración puede provocar la incapacidad de almacenar o vaciar correctamente la orina.³ Las funciones principales de la vejiga son almacenar la orina producida por los riñones y expulsarla del organismo en el momento adecuado; estos procesos están minuciosamente regulados por señales nerviosas.² Cuando estos nervios de control se ven comprometidos por una enfermedad, una lesión o defectos congénitos, es posible que los músculos de la vejiga no se contraigan o relajen correctamente, lo que provoca la pérdida del control normal de la vejiga.¹˒³ Según los nervios concretos afectados y el alcance del daño, la vejiga neurógena puede manifestarse como una vejiga hiperactiva (espástica o hiperrefléxica), que se contrae con demasiada frecuencia o de forma involuntaria, o como una vejiga hipoactiva (flácida o hipotónica), que pierde la capacidad de contraerse eficazmente para vaciar la orina.¹
Contexto clínico
La vejiga neurógena es un diagnóstico clínico que describe una disfunción vesical resultante de un daño o una enfermedad neurológica. No es un procedimiento ni un dispositivo en sí, sino una afección que requiere tratamiento. Clínicamente, la vejiga neurógena se observa en pacientes con una amplia variedad de trastornos neurológicos que alteran el control neural normal de la micción.¹˒²˒³ Estos trastornos pueden afectar al cerebro, a la médula espinal o a los nervios periféricos que intervienen en la función vesical.⁵˒⁶˒⁷ Entre las afecciones médicas relevantes que suelen provocar vejiga neurógena se encuentran las lesiones medulares; se estima que entre el 70% y el 84% de las personas afectadas presentan algún grado de disfunción vesical.⁵ La esclerosis múltiple es otra causa importante, con disfunción vesical neurógena descrita en el 40% al 90% de los pacientes.⁵ Otras afecciones son la espina bífida (en la que la disfunción vesical es muy frecuente), la enfermedad de Parkinson, el ictus, los tumores cerebrales o medulares, la parálisis cerebral y la encefalitis.⁵˒⁷ El daño nervioso debido a enfermedades sistémicas como la diabetes (neuropatía diabética) o la anemia perniciosa (déficit de vitamina B12), así como el daño nervioso derivado de una cirugía pélvica o de una hernia discal, también pueden provocar vejiga neurógena.⁷ La selección de pacientes para tratamientos específicos de la vejiga neurógena depende de la causa subyacente, del tipo y la gravedad de la disfunción vesical (hiperactiva o hipoactiva), del estado de salud general del paciente y de su tolerancia a las distintas intervenciones.⁶˒⁷ Los objetivos principales del tratamiento son proteger la función del tracto urinario superior (riñones), restablecer o mejorar la función del tracto urinario inferior, lograr la continencia urinaria, reducir el volumen de orina residual, prevenir complicaciones como las infecciones urinarias y el daño renal y, en última instancia, mejorar la calidad de vida del paciente.¹˒⁶ Las estrategias de tratamiento son diversas y se adaptan a cada persona. Abarcan desde enfoques conservadores hasta intervenciones quirúrgicas. Los cambios en el estilo de vida, como las modificaciones de la dieta (evitar irritantes vesicales como la cafeína y el alcohol) y la micción programada, suelen ser los primeros pasos.⁵˒⁶ Los ejercicios de los músculos del suelo pélvico (ejercicios de Kegel) pueden ser beneficiosos para algunos pacientes.⁷ El cateterismo intermitente limpio (CIL), en el que el paciente aprende a introducirse una sonda para vaciar la vejiga de forma regular, es una piedra angular del tratamiento para muchas personas, en particular las que tienen una vejiga hipoactiva o una retención urinaria significativa.⁵˒⁶ Algunos pacientes pueden necesitar un sondaje permanente, ya sea uretral o suprapúbico.⁵ Los tratamientos farmacológicos incluyen medicamentos anticolinérgicos (p. ej., oxibutinina, tolterodina) para relajar una vejiga hiperactiva y reducir la urgencia y la frecuencia, y agonistas adrenérgicos beta-3 (p. ej., mirabegrón), que también ayudan a relajar el músculo vesical.⁵˒⁷ Las inyecciones de toxina botulínica (Botox®) en el músculo vesical pueden ser eficaces para la hiperactividad del detrusor, con efectos que duran varios meses.⁵˒⁶ Pueden considerarse procedimientos más invasivos si los tratamientos conservadores y farmacológicos son insuficientes. La neuromodulación sacra (NMS), que consiste en implantar un dispositivo que estimula los nervios sacros, puede ayudar a regular la función vesical en algunos pacientes con vejiga hiperactiva.⁶ La estimulación percutánea del nervio tibial (PTNS) es una forma de neuromodulación menos invasiva.⁶ Las opciones quirúrgicas suelen reservarse para los casos graves o cuando fracasan otros tratamientos. Pueden incluir la ampliación vesical (cistoplastia de aumento), en la que se utiliza un segmento de intestino para agrandar la vejiga, reduciendo así la presión interna y aumentando la capacidad de almacenamiento.⁵ Puede implantarse un esfínter urinario artificial para tratar la incontinencia de esfuerzo grave.⁶ En algunos casos se realizan procedimientos de derivación urinaria, como un conducto ileal, en los que la orina se deriva a una bolsa colectora externa (estoma).⁵˒⁶ Los resultados esperados varían ampliamente según la afección neurológica subyacente, la gravedad de la disfunción vesical, el tratamiento elegido y la adherencia del paciente. Aunque a menudo no es posible una curación completa de la vejiga neurógena porque el daño nervioso subyacente suele ser permanente, un tratamiento eficaz puede mejorar significativamente los síntomas, prevenir complicaciones graves como el daño renal y las infecciones recurrentes y mejorar la calidad de vida del paciente.⁵˒⁶ A menudo son necesarios un seguimiento periódico y estudios urodinámicos para controlar la función vesical y ajustar los planes de tratamiento según sea necesario.¹˒³
