También conocido como
Síndrome de dolor pélvico crónico (SDPC), disfunción del suelo pélvico, trastorno de dolor pélvico crónico, dolor pélvico persistente, Mialgia por tensión del suelo pélvico., síndrome de dolor pélvico regional crónico, síndrome de dolor pélvico visceral
Definición
El dolor pélvico es una molestia persistente, incapacitante o intermitente que se produce en la parte inferior del abdomen o la pelvis, entre el ombligo y las caderas, y que puede ser aguda (repentina y grave) o crónica (que dura seis meses o más).1 Esta afección compleja puede afectar a todos los sexos, aunque se informa con mayor frecuencia en mujeres y puede deberse a diversas fuentes, incluidos los órganos reproductivos, el tracto urinario, el sistema digestivo, estructuras musculoesqueléticas o vías neurológicas.2 El dolor pélvico crónico a menudo se asocia con sensibilización central, donde el sistema nervioso se vuelve demasiado sensible a los estímulos del dolor, lo que lleva a hiperalgesia (aumento de la sensibilidad al dolor) y alodinia (dolor debido a estímulos normalmente no dolorosos).3 La afección puede existir como un trastorno primario o secundario a un trastorno subyacente. patologías, impactando significativamente la calidad de vida a través de limitaciones físicas, angustia psicológica y consecuencias sociales.4
Contexto clínico
El dolor pélvico se presenta en diversos escenarios clínicos y requiere una evaluación integral para determinar las estrategias de manejo adecuadas. Clínicamente, se clasifica como aguda (aparición repentina, que a menudo requiere atención urgente) o crónica (que persiste durante seis meses o más).1
La selección de pacientes para la evaluación generalmente incluye personas que informan molestias persistentes en la parte inferior del abdomen o la pelvis que afectan el funcionamiento diario. El enfoque diagnóstico implica una anamnesis y un examen físico completos, incluido el tacto rectal y la evaluación de la alodinia cutánea.3 Las pruebas de imagen y de laboratorio pueden ayudar a identificar comorbilidades contribuyentes, aunque a menudo no son concluyentes en aproximadamente el 50% de los casos.3
Las condiciones comórbidas comunes que requieren consideración clínica incluyen endometriosis, síndrome del intestino irritable (IBS), cistitis intersticial, enfermedad inflamatoria pélvica, trastornos musculoesqueléticos (incluida la disfunción del suelo pélvico) y factores psicológicos como depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático.2 La superposición significativa con las condiciones psicológicas requiere un enfoque biopsicosocial para la evaluación y tratamiento.2
La gestión se centra en el alivio de los síntomas y en abordar los contribuyentes físicos y psicológicos. Los tratamientos de primera línea a menudo incluyen medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE) o acetaminofén, con terapias hormonales beneficiosas para el dolor cíclico.3 El dolor neuropático puede responder a los antidepresivos o anticonvulsivos, mientras que las terapias complementarias como la terapia cognitivo-conductual, la terapia del suelo pélvico y las técnicas de atención plena han demostrado eficacia.3 Para Se pueden considerar casos refractarios, procedimientos intervencionistas o cirugía, aunque los resultados varían ampliamente según la causa subyacente y la respuesta individual al tratamiento.4
