También conocido como
Isquemia post-IPP, necrosis del glande, isquemia del glande peneano, isquemia de glande posprotésica, isquemia peneana distal tras implantación
Definición
La isquemia del glande es una complicación posoperatoria poco frecuente que se caracteriza por un flujo sanguíneo insuficiente en la punta del pene (glande) tras una cirugía de implante de pene u otros procedimientos en el pene.1 Esta afección afecta a todo el glande, con un cambio de color uniforme y bien delimitado entre la corona y el cuerpo del pene, y se debe a un compromiso de la irrigación vascular.2 La isquemia puede ir desde un compromiso vascular leve y reversible hasta casos graves que pueden progresar a necrosis y pérdida de tejido si no se tratan con prontitud.3 La exploración física suele mostrar un aspecto oscuro (violáceo) o pálido del glande, a menudo acompañado de dolor en la punta del pene, aunque la sensibilidad puede mantenerse en las fases iniciales.4
Contexto clínico
La isquemia del glande se observa principalmente como complicación tras la cirugía de prótesis de pene inflable (IPP) por disfunción eréctil, aunque también puede producirse después de otros procedimientos en el pene.1 Esta afección es extremadamente rara, con menos de veintiún casos documentados en la literatura médica.2 Los factores de riesgo incluyen la diabetes mellitus (que ha sido un denominador común en los casos notificados), los antecedentes de tabaquismo, la enfermedad vascular periférica y el tratamiento anticoagulante.3
El diagnóstico es principalmente clínico y se basa en los hallazgos de la exploración física de un glande oscuro (violáceo) o pálido con un cambio de color bien delimitado a la altura de la corona.4 La ecografía Doppler puede utilizarse para confirmar la ausencia de vascularización en la zona afectada.2 Los protocolos de tratamiento varían según la gravedad, pero el reconocimiento precoz es fundamental. En los casos leves, las medidas conservadoras pueden incluir el desinflado del dispositivo, la retirada de los apósitos compresivos y las intervenciones farmacológicas para mejorar el flujo sanguíneo.1
En los casos en que no se observa una mejoría sustancial en un plazo de 24 horas, se recomienda la explantación urgente del dispositivo para evitar la pérdida de tejido del glande.1 En los casos graves que progresan a necrosis es necesario el desbridamiento quirúrgico del tejido necrótico, a menudo seguido de la retirada del dispositivo.2 El pronóstico suele ser favorable con una intervención precoz: la mayoría de los pacientes muestran una mejoría gradual de la viabilidad del glande y una revascularización completa en pocas semanas con un tratamiento adecuado.1
