También conocido como
sangre en la orina, orina con sangre, eritrocituria, microhematuria (para hematuria microscópica), hematuria macroscópica, hematuria macroscópica, hematuria franca, hematuria con tira reactiva
Definición
La hematuria es la presencia de células sanguíneas en la orina.1 Se clasifica en dos tipos principales: la hematuria macroscópica, en la que la sangre es visible a simple vista y tiñe la orina de color rosado, rojo o de color cola; y la hematuria microscópica, en la que las células sanguíneas solo pueden detectarse al microscopio durante un examen de laboratorio.2 La hematuria macroscópica se produce cuando hay suficiente sangre en la orina para cambiar su color, mientras que la hematuria microscópica implica cantidades de sangre tan pequeñas que solo pueden verse con un microscopio cuando un laboratorio analiza la orina.3
El umbral médico de la hematuria microscópica suele definirse como ≥3 hematíes por campo de gran aumento (hematíes/CGA) en la evaluación microscópica de una única muestra de orina.4 Este hallazgo puede ser incidental o sintomático y puede originarse en cualquier punto del tracto urinario, incluidos los riñones, los uréteres, la vejiga, la próstata (en los hombres) o la uretra.5 La hematuria es un indicador clínico importante que justifica una evaluación adecuada, ya que puede señalar trastornos subyacentes que van desde causas benignas hasta enfermedades graves, incluidas las neoplasias malignas del tracto urinario.6
Contexto clínico
La hematuria es un hallazgo frecuente en la práctica clínica; se estima que la hematuria microscópica afecta a entre el 2% y el 31% de la población general.1 Es un indicador diagnóstico fundamental que requiere una evaluación adecuada por su asociación con trastornos subyacentes potencialmente graves.
El abordaje clínico de la hematuria comienza con la confirmación de su presencia. En la hematuria microscópica, esto implica un análisis microscópico de orina que demuestre ≥3 hematíes por campo de gran aumento.2 En la hematuria macroscópica basta con la confirmación visual, y cualquier episodio de hematuria macroscópica en un adulto justifica considerar una evaluación urológica urgente, dada la probabilidad relativamente alta de cáncer u otros trastornos clínicamente significativos (>10% en la mayoría de los estudios).3
La estratificación del riesgo es esencial en el tratamiento clínico de la hematuria. Los pacientes deben clasificarse según su riesgo de neoplasia maligna genitourinaria, teniendo en cuenta factores como:4
- Edad (mayor riesgo en mayores de 50 años)
- Sexo (mayor riesgo en varones)
- Antecedentes de tabaquismo
- Exposición laboral a sustancias químicas o colorantes
- Antecedentes de hematuria macroscópica
- Grado y persistencia de la hematuria microscópica
La evaluación diagnóstica suele incluir una cistoscopia (examen endoscópico de la vejiga) y pruebas de imagen del tracto urinario superior, con un enfoque específico adaptado al perfil de riesgo del paciente.5 Esta estrategia basada en el riesgo ayuda a equilibrar los beneficios de detectar una patología significativa frente a los posibles perjuicios de pruebas innecesarias.
Entre las causas frecuentes de hematuria se encuentran las infecciones urinarias, los cálculos renales, la hiperplasia benigna de próstata, las enfermedades renales (en particular la glomerulonefritis) y los cánceres del tracto urinario (de vejiga, riñón, próstata y uretra).6 Entre las causas menos frecuentes se incluyen los medicamentos (como anticoagulantes, ciertos antibióticos y analgésicos), el ejercicio intenso y enfermedades hereditarias como la drepanocitosis.7
El tratamiento depende por completo de la causa subyacente y abarca desde antibióticos para las infecciones hasta la intervención quirúrgica para los cálculos o las neoplasias malignas. Incluso cuando la evaluación inicial es negativa, los pacientes con hematuria persistente pueden necesitar pruebas de seguimiento, ya que algunos trastornos graves pueden no ser evidentes de inmediato.8
