También conocido como
IUM, IUMi, Incontinencia urinaria mixta, Incontinencia mixta, Incontinencia combinada de esfuerzo y urgencia, IUE e IUU combinadas
Definición
La incontinencia urinaria mixta (IUM) es una afección caracterizada por la pérdida involuntaria de orina que engloba simultáneamente síntomas de incontinencia de esfuerzo y de urgencia.1 La incontinencia de esfuerzo consiste en pérdidas de orina desencadenadas por el esfuerzo físico o por el aumento de la presión intraabdominal (p. ej., al toser, estornudar o hacer ejercicio), mientras que la incontinencia de urgencia se caracteriza por una necesidad repentina e intensa de orinar, seguida de una pérdida involuntaria de orina.2 La fisiopatología de la IUM es compleja e implica tanto la debilidad del suelo pélvico como la hiperactividad del músculo detrusor. El componente de esfuerzo se debe principalmente al debilitamiento de los músculos del suelo pélvico, al prolapso o a la pérdida del ángulo uretrovesical normal, lo que provoca un cierre uretral insuficiente durante el esfuerzo físico.3 El componente de urgencia se debe a contracciones vesicales no inhibidas causadas por la hiperactividad del músculo detrusor, la escasa distensibilidad del detrusor, la pérdida del control neurológico de las contracciones vesicales y la hipersensibilidad vesical.4 La IUM es especialmente prevalente en mujeres mayores de 65 años, afecta a más del 37% de las pacientes de edad avanzada y a menudo obliga a realizar cambios importantes en el estilo de vida debido a su repercusión en el bienestar tanto físico como psicosocial.5
Contexto clínico
La incontinencia mixta se diagnostica y trata en el ámbito clínico cuando los pacientes presentan síntomas tanto de incontinencia urinaria de esfuerzo como de urgencia.1 La evaluación inicial suele incluir una anamnesis clínica detallada, una exploración física y pruebas sencillas en la consulta, como análisis de orina, medición del volumen de orina residual posmiccional y exploración pélvica.2 Se recomienda un diario miccional de 3 días para documentar de forma objetiva los patrones miccionales, los episodios de urgencia y los episodios de incontinencia.3 El tratamiento comienza con abordajes conservadores, como modificaciones del estilo de vida (reducción de la cafeína, pérdida de peso), entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico (ejercicios de Kegel) y reentrenamiento vesical.4 En los pacientes con síntomas persistentes, pueden prescribirse tratamientos farmacológicos dirigidos al componente de urgencia (antimuscarínicos).5 En los casos que no responden a los tratamientos conservadores, pueden considerarse intervenciones quirúrgicas; la evidencia emergente sugiere que los cabestrillos mediouretrales transobturadores pueden asociarse a tasas más bajas de síntomas de urgencia persistentes en comparación con otros procedimientos.2 La elección de las modalidades de tratamiento se individualiza en función de la intensidad de los síntomas, el componente predominante (de esfuerzo o de urgencia), las preferencias del paciente y las comorbilidades.3 Un manejo eficaz a menudo requiere un abordaje multidisciplinar en el que participen urólogos, uroginecólogos, fisioterapeutas y profesionales de atención primaria para abordar tanto los aspectos físicos como los psicosociales de la afección.4
