También conocido como
Incontinencia urinaria de urgencia (IUU), inestabilidad vesical, vejiga hiperactiva con incontinencia, urgencia miccional, vejiga espasmódica, micción involuntaria, incontinencia por urgencia
Definición
La incontinencia de urgencia, también conocida como incontinencia urinaria de urgencia (IUU), es un tipo de incontinencia urinaria caracterizado por un deseo repentino e imperioso de orinar que es difícil de posponer, seguido a menudo de una pérdida involuntaria de orina.1 Se produce principalmente como consecuencia de la hiperactividad del músculo detrusor, que da lugar a contracciones vesicales no inhibidas o involuntarias.2 Los pacientes con incontinencia de urgencia suelen describir un deseo repentino de orinar que es difícil de aplazar y que provoca pérdidas de orina. Estos episodios pueden producirse en distintos momentos del día o de la noche.3 Esta afección afecta de forma significativa a la calidad de vida de la persona y conlleva un estigma social, lo que da lugar a que se notifique por debajo de su frecuencia real.4 La incontinencia de urgencia es una causa frecuente de incontinencia en las personas mayores, aunque puede afectar a personas de cualquier edad.
Contexto clínico
La incontinencia de urgencia es clínicamente relevante en diversos escenarios, en particular en la población de edad avanzada, en la que su prevalencia aumenta con la edad.1 Se diagnostica mediante una evaluación clínica exhaustiva que incluye una anamnesis detallada y una exploración física, un análisis de orina y, en ocasiones, estudios urodinámicos.2
Los criterios de selección de pacientes para el tratamiento suelen consistir en valorar la gravedad de los síntomas y su repercusión en la calidad de vida, y en descartar causas reversibles (mediante la regla mnemotécnica inglesa DIAPPERS: delirium, infección, uretritis atrófica, fármacos, factores psicológicos, producción excesiva de orina, movilidad reducida e impactación fecal).3
El tratamiento sigue un enfoque escalonado:
- Los tratamientos de primera línea incluyen terapias conductuales como el entrenamiento vesical, los hábitos de micción, las modificaciones del estilo de vida, la evitación de irritantes vesicales (cafeína, alcohol), el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico y la biorretroalimentación.4
- Los tratamientos de segunda línea incluyen la farmacoterapia con antimuscarínicos (p. ej., oxibutinina, tolterodina, fesoterodina) o con agonistas de los receptores adrenérgicos beta-3 (p. ej., mirabegrón).4
- Los tratamientos de tercera línea para los casos refractarios incluyen la estimulación percutánea del nervio tibial, las inyecciones intravesicales de onabotulinumtoxina A y la neuromodulación sacra.4
Los resultados esperados varían según el enfoque terapéutico, y el tratamiento combinado (conductual más farmacológico) suele ofrecer mejores resultados que la monoterapia. Un tratamiento eficaz puede mejorar de forma significativa la calidad de vida y reducir complicaciones como las afecciones cutáneas, las infecciones del tracto urinario y el aislamiento social.4
