También conocido como
POP, Prolapso genital, Prolapso del suelo pélvico, Prolapso vaginal, Relajación pélvica, Descenso, Procidencia, Caída de órganos pélvicos, Herniación de órganos pélvicos
Definición
El prolapso de órganos pélvicos (POP) es una afección ginecológica caracterizada por el descenso de estructuras pélvicas hacia la vagina debido a la debilidad de los ligamentos o de la musculatura.1 Se subclasifica según el compartimento de descenso: el cistocele corresponde a la herniación de la pared anterior, el rectocele se refiere al descenso de la pared vaginal posterior y el prolapso de la cúpula vaginal corresponde al descenso del útero, del cuello uterino o del vértice de la vagina.2
La afección se produce cuando el soporte pélvico normal se ve comprometido por el debilitamiento de la interacción entre el grupo muscular del elevador del ano y las inserciones de tejido conjuntivo que estabilizan la vagina a distintos niveles.3 Con un soporte pélvico normal, la vagina se apoya horizontalmente sobre los músculos elevadores del ano. Las lesiones hacen que los músculos elevadores del ano adopten una orientación más vertical, lo que abre la vagina y desplaza así el soporte hacia las inserciones de tejido conjuntivo.4
El prolapso de órganos pélvicos tiene una etiología multifactorial.5 Diversas combinaciones de factores anatómicos, fisiológicos, genéticos, reproductivos y relacionados con el estilo de vida contribuyen a la disfunción del suelo pélvico a lo largo de la vida de la mujer. Muchos estudios han relacionado la paridad con una alta incidencia de POP.6 Además, las cirugías pélvicas previas o las afecciones asociadas a episodios mantenidos de aumento de la presión intraabdominal, como levantar objetos pesados, la obesidad, la tos crónica y el estreñimiento, pueden aumentar el riesgo de desarrollar POP.7
Contexto clínico
El prolapso de órganos pélvicos (POP) es una afección frecuente que afecta significativamente a la calidad de vida de las mujeres. Su incidencia está estrechamente asociada al aumento de la edad.8 Muchas mujeres con POP sintomático sufren malestar físico y emocional, lo que repercute negativamente en su bienestar social, físico y psicológico.9 Aunque se desconoce la prevalencia exacta, un análisis de los códigos de procedimientos hospitalarios revela que en Estados Unidos se realizan anualmente aproximadamente 200.000 cirugías para el tratamiento del POP.10 Aunque aproximadamente entre el 41% y el 50% de las mujeres presentan POP en la exploración física, solo alrededor del 3% son sintomáticas.11 En Estados Unidos, se prevé que el número de mujeres con prolapso de órganos pélvicos sintomático aumente un 46%, de 3,3 millones a 4,9 millones, para 2050.12
La mayoría de las pacientes que presentan prolapso de órganos pélvicos no refieren síntomas. Sin embargo, las pacientes con síntomas suelen describir la sensación de un bulto que sobresale por el orificio vaginal.13 La exploración física es esencial para diagnosticar y subclasificar el tipo de prolapso. Los hallazgos de la exploración varían en función del grado de llenado de la vejiga y del recto. Las mujeres que presentan procidencia (prolapso de los 3 compartimentos) pueden referir flujo vaginal secundario a roce vaginal o erosión epitelial.
Las pacientes con POP presentan una alta tasa de trastornos del suelo pélvico coexistentes: el 40% presenta incontinencia urinaria, el 37% vejiga hiperactiva y el 50% incontinencia anal.14 Se debe realizar un cribado sistemático de otras patologías. En algunos casos, el prolapso puede enmascarar una incontinencia urinaria de esfuerzo oculta, que puede hacerse evidente tras la reparación del prolapso.15 Puede producirse una obstrucción del tracto de salida vesical debido al acodamiento o a la compresión de la uretra. El prolapso de órganos pélvicos puede afectar negativamente a la actividad sexual, la imagen corporal y la calidad de vida.
Tanto el tratamiento conservador como el quirúrgico pueden ser adecuados en función de la edad de la paciente, su deseo de fertilidad futura y de mantener la función coital, la gravedad de los síntomas y los problemas médicos concomitantes. El compartimento de descenso también determina el tratamiento. Los objetivos del tratamiento incluyen el alivio sintomático, el mantenimiento o la mejora de la función sexual, la prevención de nuevos defectos de soporte y de la incontinencia, y el restablecimiento de un soporte pélvico adecuado.16
Las opciones de tratamiento incluyen:
- Observación y seguimiento estrecho – Adecuados en mujeres con casos leves y asintomáticos.
- Entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico (ejercicios de Kegel) – Permite la contracción sistemática de los músculos elevadores del ano, lo que fortalece el suelo pélvico. Se ha demostrado que estos ejercicios mejoran los síntomas de la incontinencia de esfuerzo, de urgencia y mixta, y pueden ser útiles en mujeres con POP leve.17
- Tratamiento con pesario – Los pesarios son una opción de primera línea frecuente; en una encuesta realizada a miembros de la American Urogynecologic Society, el 77% utilizaba pesarios como tratamiento de primera línea del prolapso.18 Los pesarios son dispositivos, a menudo fabricados con silicona de grado médico, que se colocan en la vagina para restablecer la anatomía pélvica normal. Son una opción en todos los estadios del prolapso y resultan útiles para prevenir su progresión y retrasar la cirugía.
- Intervención quirúrgica – Se realizan diversos procedimientos, tanto abdominales como vaginales, para restablecer la función del suelo pélvico y aliviar los síntomas. Entre las opciones se incluyen:
- Colpocleisis (procedimiento obliterativo)
- Fijación sacroespinosa
- Suspensión iliococcígea
- Suspensión uterosacra
- Sacrocolpopexia abdominal (por laparotomía, laparoscopia o asistida por robot)19
