También conocido como
Uretritis atrófica, Atrofia urogenital (ya que a menudo coexiste con atrofia vaginal y vesical), Síndrome genitourinario de la menopausia (GSM) - componente uretral
Definición
La atrofia uretral se caracteriza por el adelgazamiento, la sequedad y la inflamación del revestimiento de la uretra, debidos principalmente a un déficit de estrógenos. Esta afección es un componente frecuente del síndrome genitourinario de la menopausia (SGM), que afecta a la vagina, la vulva, la vejiga y la uretra.¹ Se debe a la reducción de los niveles de estrógenos que suele producirse durante y después de la menopausia, aunque también puede deberse a otros factores que causan privación de estrógenos.² La uretra, al igual que otros tejidos urogenitales, posee receptores de estrógenos, y el descenso de estos provoca una reducción del colágeno y la elastina, una menor vascularización y alteraciones del microbioma local, lo que hace que el tejido sea más frágil, menos elástico y más propenso a la irritación y a las infecciones.³ El objetivo principal de comprender e identificar la atrofia uretral es aplicar tratamientos adecuados que puedan aliviar síntomas como la disuria, la urgencia, la frecuencia miccional y las infecciones urinarias recurrentes, mejorando así la calidad de vida de las personas afectadas.¹,²
Contexto clínico
La atrofia uretral tiene importancia clínica principalmente en las mujeres posmenopáusicas, aunque también puede afectar a mujeres con déficit de estrógenos por otras causas, como la ooforectomía bilateral, la radioterapia pélvica, la quimioterapia o determinados tratamientos hormonales.²,³ Los síntomas suelen incluir urgencia urinaria, frecuencia miccional, disuria (micción dolorosa), nicturia, incontinencia urinaria de esfuerzo y una mayor predisposición a las infecciones urinarias (ITU) recurrentes.¹ Estos síntomas aparecen porque la mucosa uretral atrófica es menos capaz de actuar como barrera frente a las infecciones y puede ser más sensible a los irritantes. La selección de pacientes para el tratamiento suele implicar una valoración clínica de los síntomas y, en algunos casos, estudios urodinámicos o una cistoscopia, aunque el diagnóstico suele basarse en la presentación clínica en el contexto de un déficit de estrógenos.¹ Los resultados esperados con un tratamiento adecuado, que habitualmente consiste en terapia estrogénica local (p. ej., cremas, óvulos, anillos), incluyen una reducción de los síntomas urinarios, la recuperación de un tejido uretral más normal y una disminución de la frecuencia de las ITU.¹,³ Los hidratantes y lubricantes no hormonales también pueden aliviar los síntomas.²
