También conocido como
Aumento de la circunferencia del pene, Aumento de pene (circunferencia), Faloplastia (componente de la circunferencia), PGE.
Definición
El aumento del grosor del pene (PGE, por sus siglas en inglés) se refiere a un conjunto de procedimientos médicos y quirúrgicos destinados a aumentar la circunferencia, o grosor, del pene, principalmente por motivos estéticos o para abordar la insatisfacción del paciente con el tamaño de su pene.1,2 Incluye diversas técnicas, como métodos no quirúrgicos, por ejemplo, los rellenos inyectables (como el ácido hialurónico), y abordajes quirúrgicos, como el injerto de grasa o los injertos dérmicos.2
La finalidad principal del PGE es aumentar el grosor del pene, lo que algunas personas creen que puede mejorar la confianza en sí mismas y la satisfacción sexual.1 Los rellenos de ácido hialurónico (AH) son una opción no quirúrgica habitual y se ha descrito que logran aumentos del grosor que suelen oscilar entre 1,7 cm y 3,92 cm.1 Estos métodos no quirúrgicos, en particular las inyecciones de AH, suelen asociarse a menos complicaciones y a mayores tasas de satisfacción de los pacientes en comparación con algunas alternativas quirúrgicas.1,2 Los procedimientos quirúrgicos también pueden lograr aumentos significativos del grosor, pero pueden conllevar un mayor riesgo de complicaciones como necrosis cutánea, úlceras, infecciones de la herida o la necesidad de una reintervención.2 A pesar de estos riesgos, las opciones quirúrgicas también pueden dar lugar a una elevada satisfacción de los pacientes.2 El campo del aumento del grosor del pene sigue evolucionando, con investigaciones en curso sobre la seguridad y la eficacia de las distintas técnicas, y todavía no se han establecido por completo directrices estandarizadas.1,2
Contexto clínico
El aumento del grosor del pene suelen solicitarlo hombres adultos que manifiestan insatisfacción con el grosor actual de su pene, a menudo por motivos estéticos o para mejorar su imagen corporal y la confianza en sí mismos.1,2 Los criterios de selección de pacientes suelen incluir tener 18 años o más, no presentar infecciones locales activas, no tener rellenos ni implantes permanentes previos en la zona de tratamiento y tener expectativas realistas sobre los resultados, lo que debe confirmarse durante una entrevista clínica.1
Desde el punto de vista clínico, los procedimientos se realizan para aumentar la circunferencia del pene. Los tratamientos inyectables no quirúrgicos, como los que utilizan ácido hialurónico, han mostrado aumentos significativos del grosor del pene, con una baja tasa descrita de efectos adversos leves y transitorios (p. ej., hematomas o hinchazón en la zona de inyección) y altas tasas de satisfacción de los pacientes, a menudo de entre el 75-100%.1,2 Estos procedimientos suelen realizarse de forma ambulatoria. Por ejemplo, un estudio describió un aumento medio del grosor de 3,29 cm con rellenos de AH.1
Los tratamientos quirúrgicos también pueden dar lugar a aumentos significativos del grosor y a una elevada satisfacción de los pacientes (60-100%).2 Sin embargo, se asocian a un riesgo no despreciable de complicaciones más graves, como necrosis cutánea, úlceras, infecciones de la herida y la posible necesidad de una reintervención, que se describieron en un porcentaje notable de los estudios centrados en métodos quirúrgicos.2
Los resultados esperados incluyen un aumento del grosor del pene, y muchos pacientes refieren efectos positivos, como una mayor confianza en sí mismos y un mayor placer sexual.1 En un estudio pequeño, los pocos hombres que cumplían los criterios del trastorno dismórfico corporal (TDC) antes del procedimiento (2 de 19) dejaron de cumplirlos después; no obstante, las Directrices de la EAU recomiendan firmemente no realizar el aumento del grosor con rellenos en hombres con trastorno dismórfico del pene.1,3 Sin embargo, los efectos sobre el bienestar psicológico en un sentido más amplio, como los cambios en el malestar psicológico general o en la autoestima global, han mostrado resultados dispares, y algunos estudios no describen cambios significativos en estos aspectos.1
Es importante que los profesionales sanitarios tengan en cuenta que los efectos adversos de los procedimientos de PGE pueden estar infranotificados y que, debido a la limitada evidencia a largo plazo y a la falta de directrices estandarizadas, muchos de estos procedimientos todavía se consideran en fase de investigación.2 Se debe asesorar exhaustivamente a los pacientes sobre los posibles beneficios, riesgos y limitaciones de cada una de las opciones disponibles.
