Respuesta detallada
La implantación de una prótesis de pene es un tratamiento viable para los hombres con disfunción eréctil (DE), especialmente cuando fracasan otras terapias. Según las Directrices de la EAU de 2025, son candidatos los hombres que no son aptos para las distintas farmacoterapias o prefieren una terapia definitiva, y que no responden a otras modalidades de tratamiento. Esto incluye a los pacientes que no se benefician de los inhibidores de la PDE5 orales (p. ej., sildenafilo), de las inyecciones intracavernosas o de los dispositivos de erección por vacío.
Entre los candidatos habituales se encuentran los hombres con diabetes mellitus avanzada, DE tras una prostatectomía, lesiones de la médula espinal o enfermedad de Peyronie con una deformidad significativa del pene. En los casos de priapismo isquémico, también puede considerarse la implantación inmediata o diferida para restablecer la función sexual.
La decisión de proceder con la implantación se basa en una toma de decisiones compartida entre el paciente y el urólogo, que incluye una revisión exhaustiva de las expectativas, los riesgos quirúrgicos y los cuidados postoperatorios. El asesoramiento psicológico también puede ser beneficioso para alinear las expectativas del paciente y de su pareja.
Existen dos tipos principales de implantes: las prótesis inflables (de dos o tres piezas) y las maleables (semirrígidas). La elección depende del estado físico del paciente, de su destreza manual y de sus preferencias personales. Mientras que los modelos inflables ofrecen una erección más "natural" y se disimulan mejor, los implantes maleables son más sencillos de usar y pueden ser preferibles en pacientes con movilidad o destreza limitadas.
Las tasas de éxito y de satisfacción de los implantes de pene son altas. Los estudios indican una satisfacción de los pacientes de entre el 92-100%, con tasas comparables (91-95%) en las parejas. Los resultados quirúrgicos son duraderos y, con una técnica y una selección del dispositivo adecuadas, las tasas de infección son de alrededor del 2-3% en la primera implantación en pacientes de bajo riesgo en centros de alto volumen, y pueden reducirse aún más, hasta el 1-2%, con implantes impregnados de antibióticos o con recubrimiento hidrófilo.
Es fundamental que los hombres que se plantean este tratamiento entiendan que, aunque los implantes restablecen la rigidez, por lo general no afectan a la eyaculación ni al orgasmo, si bien algunos hombres notan cambios en la sensibilidad que pueden mejorar con el tiempo. La mayoría de los hombres pueden reanudar la actividad sexual varias semanas después de la cirugía, una vez completada la cicatrización y tras haber aprendido a utilizar el dispositivo; el cirujano indica cuándo es seguro hacerlo.
De las guías clínicas
La implantación quirúrgica de una prótesis de pene puede considerarse en pacientes que i) no son aptos para las distintas farmacoterapias o prefieren una terapia definitiva; y ii) no responden a otras modalidades de tratamiento.