También conocido como
Impotencia, ED, disfunción eréctil masculina
Definición
La disfunción eréctil (ED) es una afección prevalente y multifacética que afecta predominantemente a los hombres y se caracteriza por la incapacidad constante o recurrente de lograr y/o mantener una erección del pene suficiente para un desempeño sexual satisfactorio.¹ Es importante tener en cuenta que la DE no se considera una parte rutinaria del envejecimiento.² La afección puede surgir de una amplia gama de causas, incluidas las orgánicas (p. ej., vasculares, neurogénicas, hormonales o cavernosos) y psicógenos, y a menudo está entrelazado con comorbilidades como diabetes, enfermedades cardiovasculares y trastornos neurológicos.¹ El mecanismo para lograr una erección implica una compleja interacción de señales psicológicas, neurales, vasculares y hormonales que conducen a un aumento del flujo arterial y a una restricción del flujo venoso del pene, lo que produce tumescencia y rigidez. La DE ocurre cuando hay una interrupción en una o más de estas vías.¹ El propósito principal de comprender y definir la DE es facilitar el diagnóstico y tratamiento apropiados, mejorando así la calidad de vida de las personas afectadas y sus parejas.²
Contexto clínico
La disfunción eréctil es clínicamente relevante cuando un paciente informa dificultad persistente para lograr o mantener una erección adecuada para una relación sexual satisfactoria.¹ A menudo se asocia con diversas afecciones médicas, incluidas enfermedades cardiovasculares (p. ej., aterosclerosis, hipertensión), diabetes mellitus, trastornos neurológicos (p. ej., esclerosis múltiple, lesión de la médula espinal, accidente cerebrovascular), desequilibrios hormonales (p. ej., hipogonadismo) y afecciones psicológicas. (p. ej., depresión, ansiedad, estrés).¹ Los criterios de selección de pacientes para evaluación y tratamiento generalmente implican un historial médico, sexual y psicosocial completo, junto con un examen físico.² Se pueden realizar pruebas de laboratorio para identificar afecciones subyacentes, como comprobar la glucosa en ayunas o HbA1c para detectar diabetes, perfiles de lípidos para riesgo cardiovascular y niveles matutinos de testosterona para hipogonadismo.¹
Los enfoques de tratamiento generalmente se adaptan a la causa subyacente y las preferencias del paciente, luego de una toma de decisiones compartida.¹ Las opciones varían desde modificaciones en el estilo de vida (p. ej., dieta, ejercicio, dejar de fumar) y medicamentos orales (p. ej., inhibidores de la PDE5 como sildenafil, tadalafil) hasta dispositivos de erección por vacío, inyecciones intracavernosas, supositorios intrauretrales y, en algunos casos, procedimientos quirúrgicos como implantación de prótesis peneana.¹ Los resultados esperados varían según el tratamiento elegido y las circunstancias individuales del paciente, pero el objetivo generalmente es restaurar la función eréctil satisfactoria y mejorar la calidad de vida. Las tasas de éxito de tratamientos como los inhibidores de la PDE5 son altas en los pacientes adecuados, mientras que los implantes de pene ofrecen una solución permanente para aquellos que no responden a otras terapias o no son candidatos para ellas.¹
