También conocido como
Músculo bulbocavernoso, músculo bulboesponjoso, músculo BS
Definición
El músculo bulboesponjoso es un músculo par y superficial del suelo pélvico, situado en el espacio perineal superficial.¹ Presenta dimorfismo sexual, lo que significa que su estructura y sus inserciones específicas difieren entre hombres y mujeres. En los hombres, las fibras musculares se fusionan en un rafe medio y rodean el bulbo del pene y el cuerpo esponjoso.¹ En las mujeres, las dos partes del músculo están separadas y flanquean el orificio vaginal, cubriendo los bulbos del vestíbulo.¹
La función principal del músculo bulboesponjoso consiste en comprimir los tejidos eréctiles que rodea y las estructuras del tracto urogenital. En los hombres, desempeña un papel crucial en varios procesos fisiológicos: ayuda a expulsar la orina residual de la uretra tras la micción,² contribuye a la eyaculación impulsando el semen a través de la uretra,¹ y ayuda a lograr y mantener la erección del pene comprimiendo el bulbo del pene y la vena dorsal profunda del pene, lo que dificulta el drenaje venoso.¹³ En las mujeres, el músculo bulboesponjoso contribuye a la erección del clítoris comprimiendo su vena dorsal profunda, estrecha el orificio vaginal y ayuda a vaciar las glándulas vestibulares mayores (de Bartolino).¹² En ambos sexos, también proporciona soporte al cuerpo perineal.¹
Contexto clínico
El músculo bulboesponjoso tiene relevancia clínica en varios contextos relacionados con la función y la disfunción urogenitales. Su papel en la continencia urinaria es importante, ya que ayuda a expulsar las últimas gotas de orina de la uretra, lo que evita el goteo posmiccional.¹ La disfunción de este músculo puede contribuir a la aparición de síntomas urinarios. En los hombres, el músculo bulboesponjoso es esencial para la función sexual, incluidas la erección y la eyaculación.¹³ Su correcto funcionamiento es necesario para comprimir el bulbo y los pilares (crura) del pene, lo que ayuda a lograr y mantener la rigidez y a expulsar el semen con fuerza. Por tanto, el daño de este músculo o de su inervación (p. ej., por traumatismos, cirugía o enfermedades neurológicas) puede provocar disfunción eréctil o trastornos eyaculatorios. Por ejemplo, durante las cirugías perineales, como la prostatectomía radical o la uretroplastia, debe procurarse preservar la integridad del músculo bulboesponjoso y de su inervación (ramas del nervio pudendo) para minimizar el riesgo de disfunción sexual o urinaria postoperatoria.¹
En las mujeres, el músculo bulboesponjoso contribuye a la excitación sexual al favorecer la erección del clítoris y estrechar el orificio vaginal.¹ Su participación en la función de las glándulas vestibulares mayores también implica que los problemas de este músculo podrían afectar a las secreciones glandulares. Durante el parto, la musculatura perineal, incluido el bulboesponjoso, puede sufrir estiramientos o desgarros, que pueden requerir reparación y tener repercusiones en la recuperación posparto y en la función del suelo pélvico.¹
La evaluación de la función del músculo bulboesponjoso puede formar parte de una exploración integral del suelo pélvico, sobre todo cuando se investigan las causas de disfunción sexual, incontinencia urinaria o dolor pélvico. La electromiografía (EMG) puede utilizarse para evaluar la actividad eléctrica del músculo, y las técnicas de imagen como la RM permiten visualizar su estructura. Los resultados esperados de las intervenciones que afectan a este músculo (p. ej., rehabilitación del suelo pélvico, reparación quirúrgica) tienen como objetivo restablecer o mejorar su contribución a la función urinaria y sexual normal.
